Vivimos una época en la decoración de interiores en la que por fin, al igual que ocurre con la literatura o el cine, estamos poniendo a los clásicos en el lugar que se merecen.

En cuanto a diseño e interiorismo se refiere, hace algunas décadas se hacían barbaridades que hoy nos parecen casi sacrilegios: como enyesar paredes de piedra, tapar mosaico hidráulico con sintasol o tapar vigas de madera con falso techo de escayola.

Afortunadamente el sentido común llama a nuestras puertas y decoradores, interioristas y arquitectos vuelven a reclamar el justo papel protagonista que merecían estos clásicos del diseño en suelos de madera.

El mundo del diseño apuesta claramente por una vuelta a los orígenes de la calidad y el buen gusto: los parquets en espiga y los parquets Chevron o punta Hungría.

Estos estilos de parquet datan de comienzos del siglo XVII,  cuando la alta nobleza contrataba artesanos para hacer prodigiosas obras de marquetería en sus suelos. Vestían así sus salones con formas geométricas y heráldicas que los dotaban de dinamismo visual y composición dimensional.

La diferencia entre los parquets chevron (punta Hungría) y los parquets de espiga es el ángulo de instalación. Mientras que en el chevron o punta Hungría el angulo es de 45 o 60 grados, en la espiga el ángulo es de 90º.

Incluso entre los profesionales es común la confusión entre los dos estilos. Son suelos en los que la experiencia y la maestría del instalador son fundamentales para una instalación correcta.

Estos materiales rara vez bajan de los 100€/m² instalado, ya que su instalación ha de ser cuidadosa y pensada para poder seguir el patrón geométrico indicado.

Son suelos atemporales que se revalorizan con el paso del tiempo, algo que no podemos decir de casi ningún material instalado en nuestros hogares.

La moda no les afecta y son suelos que envejecen como un buen vino: cargándose de más personalidad.

Además, como cualquier icono del diseño, su alta calidad lo hace perfecto para combinar con cualquier estilo decorativo, desde el minimalismo hasta el nórdico, pasando por el industrial, el mid century o el barroco.

Los nuevos acabados de fábrica viene con aires renovados: nuevas texturas al aceite, cepillados rústicos, biseles masillados o irregulares, teñidos, decapados, agrietados, con nudo, sin nudo… todo un mundo de nuevas sensaciones para el icono por antonomasia del diseño en parquet.

 

Nosotros lo tenemos claro: quien tiene un parquet de espiga tiene un tesoro ¿Y a ti? ¿Qué te parecen?

 

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